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Publicado el 15/05/2009 a 22:42
Por Raul Heraud.
“El poema es como un viaje uno no sabe como va a resultar” Gabriel Avilés - México Hace algunos días entrevisté al poeta peruano Raúl Heraud, el cual en los primeros meses del próximo año vendrá a nuestra ciudad a presentar su poemario Teatro de la crueldad. A Heraud le conocí en el 2º Congreso de Poesía de Mar del Plata, Argentina en el 2006; desde entonces supe que me encontraba con un personaje que oscilaba entre tortuosas vigilias y posibles claudicaciones ante la ventisca de los versos. A través del impersonal Internet me concedió la siguiente charla en exclusiva para este rotativo.
GA: ¿Cómo descubres tu amor hacía la poesía?
Cuando tenia 12 años aproximadamente, veía a mi padre leer en una biblioteca inmensa para mi en ese entonces; se la pasaba leyendo durante largas horas ; sentía curiosidad por saber que cosas escondían esas paginas que lo tenían absorto ; así, un día tome uno de eso libros y descubrí a Cesar Vallejo primero, después a Javier Heraud. El mundo no volvería a ser el mismo para mí; los poemas que más recuerdo fueron “Los dados eternos” y “La palabra del guerrillero”. Sentí que alguien escribía lo que yo quería decir; existía gente que pensaba como yo.
GA: ¿Cómo te enfrentas a la realidad de decir: Soy escritor y opto por serlo sin detenerme en los prejuicios de la gente?
Nunca me propuse ser escritor; es más creo que no lo soy; escribo por necesidad por cubrir el espacio que falta llenar, cerrar el circulo. Escribo por que eso es lo que quisiera leer de otros, por una necesidad obsesiva y patológica. Hace bien escribir, pero a la vez hace daño, no el acto de escribir sino lo que involucra traer recuerdos, decir lo que se tiene que decir aunque duela.
GA: ¿Recuerdas tu primer poema, a qué edad lo realizaste y cual era tu voz poética en esa época?
Fue a una enamorada, pero a ciencia cierta no lo recuerdo, tenía 15 años; mi voz poética era como la de un chico de 15 años, es decir llena de poetas que uno admira, yo en ese entonces leía mucho a Cesar Vallejo, Antonio Machado, Pablo Neruda, T. S. Eliot. Considero que de esas influencias estaba llena mi poesía. GA: La voz poética del ahora hombre: ¿qué dice y qué calla?
Esa voz esta llena de episodios cotidianos, pasajes de la vida que uno contempla, añora, odia, desea, sueña; muy pocas cosas calla esa voz, trato de no censurarme, soy honesto con lo que pienso y digo.
GA: ¿Cuánto dejas de tu persona en el poema o en dado caso como psicólogo te nutres de los demás para crear tus visiones líricas?
El poema es como un viaje, uno no sabe como va a resultar, en todo caso hay una voz poética presente en mi poesía, que narra, mira o participa; como psicólogo, en especial durante la psicoterapia, llegue a tener tantas conversaciones duras e interesantes con pacientes que padecen esquizofrenia, trastorno obsesivos compulsivos y depresión que me llevó a escribir un poemario titulado “Teatro de la crueldad”, repleto de esas voces que habitaron mi consultorio entre 2003 y 2006.
GA: Antes de llegar a ese punto, ¿cuándo empiezas a publicar de manera formal?
Empecé con una plaquette en 1995, luego, algunas revistas de la Universidad, del Museo de Arte de Lima. Mi primer poemario “Hecho de Barro” fue publicado por el fondo editorial de mi casa de estudios, la Universidad Inca Garcilaso de la Vega en el 2001.
GA: Decides darte a conocer en países como España o Argentina, ¿qué te motiva a salir de tu país y mostrar de algún modo la poesía peruana del siglo XX1?
Se dio casi espontáneamente. Fui a España a realizar estudios de especialización en psicología social y logré publicar en la revista Vulture de Valencia que tiene un tiraje de 20000 ejemplares, ello me sirvió para poder difundir mi poética por aquel país. Referente a la Argentina se da a raíz del premio “Hermandad latinoamericana” por la editorial Creadores Argentinos de Buenos Aires; luego tuve la invitación de amigos de Mar del Plata, Argentina para un encuentro internacional de poetas, esto me sirvió de mucho ya que conocí a muchos vates latinoamericanos con los que mantengo hasta el día de hoy una gran amistad; muchos de ellos han ayudado a que mi poesía obtenga lectores fuera de las fronteras de mi país, por lo cual les estoy muy agradecido.
GA: ¿Influye en tu trabajo lírico este intercambio sociocultural?
De manera esencial y enriquecedora; conocer a escritores latinoamericanos con diferentes influencias literarias, cada uno poseedor de una cultura diferente, de una fuerza creadora distinta, lo anterior hace que el valor del intercambio cultural sea necesario siempre.
GA: Cambiando un poco de tema, en estos momentos, ¿Cuál es tu sentir acerca del desarrollo actual de la poesía peruana?
Siento que la lírica en el Perú se ha vuelto un acto casi inútil para quien la escribe; el publico es mínimo, no hay recitales masivos, no hay espacios para difusión de poetas de mi generación. Se lee muy poca poesía y a las editoriales no les conviene editar a los noveles bardos, prefieren a los consagrados para asegurar la venta. Existen muchos poetas de mi generación que debido a las dificultades de edición y difusión han desaparecido.
GA: ¿Crees que la poesía peruana tiene futuro?
Sino se bajan los impuestos a los libros, sino existe por parte de las editoriales un real interés para editar y difundir a nuevos poetas, si en las áreas educativas no se promueve la lectura y debida valoración de poetas peruanos como Chocano, Valdelomar, Martin Adán, entre otros, nos tendremos que contentar en hacer poesía para ser conocida por los poetas nada mas.
GA: A lo mejor usando herramientas comunes como el Internet, un nuevo medio de difusión para el trabajo de los escritores, ¿lo consideras adecuado?
Son buenas alternativas, el problema es el costo que hay que pagar por editar un libro o una plaquette en el Perú, cuesta mucha plata. Internet abre una nueva ventana para todos, pero no toda la sociedad tiene acceso a este medio. Perú es un país fragmentado socialmente, la tecnología de punta es impensable dentro de esa realidad.
GA: Volviendo contigo, te pregunto: ¿Cuál es el contexto en el que se desarrollan tus poemas?
El hombre en su real y única condición, la de un animal efímero, finito, de cara a su existencia tortuosa, miserable, absurda y llena de humanidad. Me interesa inmiscuirme en la duda humana de la creación, el vínculo con Dios, la resignación ante la muerte, en sí, toda emoción que a los humanos nos parte el alma en dos; obviamente sin dejar de lado el tema de la locura desde su forma más precaria hasta su condición sublime y redentora.
GA: ¿Te consideras un semidiós capaz de señalar a través del verso la decadencia de tu entorno?
Me considero una persona capaz de escribir sobre temas que me interesan, me quitan el sueño. De niño supe que la muerte era algo para todos y nos podía tocar en cualquier momento, no estaba reservada para los ancianos; aquella noche comprendí y sentí la posibilidad del desamparo, del nada dura para siempre, la muerte me miraba de pies a cabeza y se reía de mí. Escribo de cosas que me han marcado mucho y se han vuelto un laberinto a medida del tiempo como la existencia un dios absoluto o la reencarnación.
GA: Este año que esta por finalizar diste a conocer trabajos nuevos, cuéntame acerca de ello.
El poemario “El arte de la destrucción” lo acabo de presentar en la feria del libro Ricardo Palma en Lima; en este volumen manejo la temática de una persona que ve la vida de la manera como la ve una persona con depresión, es decir, oscura, gris; es un libro que sirvió para exorcizar algunos demonios durante dos años turbulentos y de mucho aprendizaje; cuando abres el libro puedes leer una cita de La Divina Comedia: “LOS QUE ENTRAIS AQUI ABANDONAD TODA ESPERANZA”
GA: Imagino que Raúl Heraud poeta es distinto al cotidiano.
Es parte y parte, como mirarse al espejo y de pronto ves una cicatriz que nunca viste pero siempre estuvo ahí. GA: Esta cicatriz se revela en cada poemario que has escrito, ¿Con cuál de ellos te identificas más y por qué? Cada poemario tiene su vivencia y su recuerdo; ellos son como las fotos que colgamos en la pared de nuestra sala. Mis libros están impregnados de vivencias cada cual distinto al otro. No me identifico con ninguno en especial, todos tuvieron su momento, su tiempo.
GA: ¿Qué proyectos literarios tienes en mente, actualmente?
Estoy escribiendo el guión de un hermoso trabajo que tuvo a bien realizar mi buen amigo, el músico peruano Alberto Cárdenas, él musicalizó un conjunto de poemas míos con una característica singular, mezclando efectos y voces, este trabajo se convertirá en una especie de cortometraje. Como bien sabes, también estoy a la espera de la publicación del poemario “Teatro de la crueldad” que se editará y presentará en México, principalmente en Villahermosa.
GA: La poesía es esencial en tu vida, sin embargo, te pregunto: ¿manejas otros géneros literarios?
He publicado algunos cuentos en antologías literarias en Lima y en el extranjero, quizá necesite un poco más de tiempo para dedicarme a escribir en este género que también me apasiona. Tengo una novela, o el comienzo de ella pero hace algunos meses que no le encuentro vuelta al asunto; espero el próximo año dedicarme a escribir más y trabajar menos.
GA: ¿Cuál crees que sea la función del poeta en la sociedad?
Sin lugar a dudas el poeta es un ser humano distinto, sensible, entiende el mundo como un lugar en el que se libran todo tipo de guerras. El bardo tiene el deber de siempre definir su posición sin ambigüedades, ser directo y disparar, disparar es dar a conocer al mundo la magnitud de tu palabra, la certeza y la transparencia de los pensamientos.
GA: Por último, cuando mueras, ¿Cuál crees que será el epitafio adecuado para ti?
Sobre la tumba de Cesar Vallejo en París, leí algo que su esposa Georgette había escrito para él: “HE NEVADO TANTO SÓLO PARA QUE TÚ DUERMAS”. Deduzco que me gustaría algo parecido a eso; tiene que ser de todas maneras relacionado con el amor, porque de eso se trata. Cuando no exista lo que me mantendrá vivo será esa extraña, compleja y a veces inentendible emoción humana.
Publicado el 11/01/2009 a 16:21
Por Raul Heraud.
RAÚL HERAUD, ¿VERSOS SATÁNICOS? “el futuro sin futuro de esta tierra enferma”
“aquí huele a muerte permanentemente” R.H. Por WINSTON ORRILLO
Lo que distingue a la feraz poesía peruana de todos los tiempos es la multiplicidad de voces, el desenfado con que los jóvenes bardos asumen la tarea de poetizar. Una y plural, la poética peruana sigue ganando batallas. Los que pertenecemos a otras generaciones –si somos auténticos- no podemos sino saludar y seguir, con atención y cuidado, a estas voces nuevas que, a pesar de un tiempo tan oscuro como el nuestro, siguen intentando mantener el fuego que nuestros antepasados recibieron de Prometeo. Sí, en efecto, todo está –en la vida cotidiana- hecho para que el silencio y la desesperanza medren. Para que el nihilismo sea el gonfalón de las nuevas generaciones: esto, además, es muy apetecible por los dueños del circo, pues gentes, multitudes así, son las que corren, desaforadamente, con las “ofertas de fin de temporada” o, genuflexas, siguen, religiosamente, al último esperpento que la maldita TV endilga a las multitudes, en nombre de una reputísima libertad de prensa y de información. Mentiras del neoliberalismo, ópera bufa de la globalización, añagaza del paraíso (perdido) de la postmodernidad. Por eso nos agrada saludar a un joven poeta como Raúl Heraud que, con Teatro de la crueldad, su más reciente presea lírica, continúa un camino salutífero: desmitificar el mundo que le ha tocado vivir; manifestar su soterrada protesta contra la inhumanidad realmente existente. Psicólogo de profesión (civil), Raúl nos lleva de la mano por los meandros de una condición humana definidamente baldada. Sus versos –y él no lo oculta- tributarios del magnífico poeta esquizoide, Antonin Artaud, son, quizá por eso mismo, un taladro que perfora el tinglado, la marquesina aséptica que nos quieren presentar con el nombre de vida. La sana morbosidad –valga la paradoja- de su poética es un discurrir por un mundo ahíto de seres precarios, donde Satán parece tener su curul. Lo que, precisamente, llamamos “vida común” es puntualmente torpedeado por este misilero poeta que no escatima adjetivo ni epíteto alguno para presentarnos a los íncubos y súcubos que nos quieren hacer creer que son seres humanos. Convencido de la fragilidad de la condición humana –que tanto debe haber aprehendido de sus pacientes tendidos en el diván terapéutico- Raúl canta y, con ello, igualmente es una paradoja, exorciza este teatro de la crueldad que, de otro modo, acabaría con nosotros. Y precisamente, la poesía es su tabla de salvación, y al echarla a andar, igualmente, nos salva a nosotros, sus atentos lectores que, al ingresar a la carpa de su circo trashumante –la vida misma- nos damos un baño lustral, absolutamente necesario para seguir viviendo en medio de ese ser autodestructivo que es nuestro propio hermano, que somos nosotros mismos. Porque allende lo existencial de esta poesía, se halla su protesta contra el mundo de barbarie que, ahorita mismo, padecemos, con hordas de bárbaros atilas que bombardean escuelas, hospitales, universidades, “aquicito no más”, en la Franja de Gaza.
Yo invito a esta lectura; a la de proyectar los enhiestos versos de Raúl Heraud, al mundo de la bárbara cotidianidad que perpetra, día de por medio, un nuevo holocausto, esta vez por obra y desgracia de los que ayer sufrieron uno similar. Esta poesía, asimismo, es una protesta contra el asesino que mata un millón de iraquíes con la mentira de que poseía armas de destrucción masiva, que nunca se encontraron. Este Teatro de la crueldad de Raúl Heraud tiene no solo olor a azufre, sino a los componentes atómicos que se usan –por los propios hombres- para destruir al hombre.
¡Qué mejor ejemplo de sinrazón puede darse?
Winston Orrillo, La Calera, enero 8 de 2009. Lima PERU.
Este nuevo poemario será presentado el 18 de Febrero en la FIL de la Habana - Cuba.
Consultas/Pedidos en: Librerias Crisol.
Publicado el 01/05/2008 a 18:01
Por Raul Heraud.
Apreciar la realidad desde una visión desgarradora, fatal, íntima en su desprotección, violenta como una palabra certera que abre toda herida, se logra no sólo al retratar en esa realidad hostil que nos circunda, sino también logramos crear un arte (extraño, subterráneo, sin leyes más que ese reconocimiento del caos) es un hecho pues que la poesía no gravita pausada al interiorizarse el signo que nos remite al acto de “destrucción” que sistemáticamente nos habla de una ruptura con un todo y a su ves un reconocimiento funesto con nuestro destino y fragilidad de ser humano, ampliando su onda expansiva a través de los más desgarradores sentimientos que bullen en efervescentes palabras que abren los ojos, sin embargo la sombra de la soledad y la frustración crean en esa incertidumbre “hermosa” una reflexión que repercute en el ser que contempla (lector) la idea concreta de despojo total de toda esperanza de retorno a un tiempo mejor o a una resurrección del orden adyacente. Con El arte de la destrucción (Creadores Argentinos, 2006) el poeta peruano Raúl Heraud (Lima, 1970) nos avienta desde sus primeros versos a un “infierno sin idea de retorno” que en todo caso es la consecuencia de un deseo por alcanzar la plenitud del ser en un estadio utópico y erróneo que en última instancia sacrifica todas sus opciones hasta lograrse derrotado, mutilado de victorias que llene nuestra alma de felicidad no sólo individual sino también la felicidad proyectada en el otro: “Pasen esta es la casa devastada de las vidas sórdidas y siquiátricas de las ejecuciones continuas de los clamores insanos.” La idea de destrucción dentro de este libro no tiene una intención de supremacía en lo que respecta a alcanzar belleza (arte), sino que hay una unidad dicotómica en la configuración poética y está en relación con los entes divinos (interpretación del cielo, de Dios, del hombre, como un ser bueno y perfectible) y de un contrario es decir la nada, el mal, lo imperfecto, lo antiestético, simbolizado en la frustración, pero desde una interpretación artística (y por ende más subjetiva) de las concepciones culturales y de acciones humanas, es decir la fragilidad en la que está inmerso el hombre para hacer el mal (concupiscencia) y su infinito encierro en una atmósfera caótica, en un eterno callejón sin salida que sólo crea un enfrentamiento consigo mismo y el vacío que desgarra: “Detrás de estas puertas es donde paseo mi encierro / donde escondo mi desesperanza.” El poeta al verse frustrado se vuelve paulatinamente en una entidad contraria e indefinida, donde toda percepción es un acto paranoico de negación, de escape de su realidad que mientras más intensa, más dolorosa es la encarnación en el ser que se vive, que se percibe en el otro: “Afuera me asfixian los colores las voces altisonantes de seres terrenales me asustan ángeles yacen tumbados al final del día, cansados del trajín de la prédica, (...) yo los oigo me conmueve su esperanza es algo que definitivamente he perdido (...)” La idea de muerte en el libro es el eje conceptual que moverá al poeta a cantar su destrucción, pero a su vez hay una especie de tránsito antes de tocar el fin (la muerte) que es en todo caso esa espera momentánea que establece un acto de rebeldía ante el orden universal de las cosas, acaso la vida, vista como un grito infinito con respecto a la inevitable respuesta de la expiración, es decir la destrucción del ser: “quien no se ha revelado contra el sagrado equilibro del universo (...) ahora sólo me queda esperar que el tiempo haga lo suyo que los círculos se vayan cerrando hasta encontrar mi número lamentable...” La visión del hombre como algo acabado en su desgracia, hace aún más fuerte las evocaciones (traumáticas) de una época muy delicada en nuestra vida que es la infancia en la cual las emociones, los hechos, repercuten y se profundizan en el discurso poético para formar en consecuencia un córpus desconsolador, pero que también puede ser interpretado como una reflexión muy tardía en lo que se refiere al trance que podría explicar el por qué de la actual “frustración” del yo poético: “Padre Madre sólo soy un remedo exhausto de hombre entregando sus restos no logrados acudiendo al infortunio de nuestras semejanzas desenterrando por siempre tristes amaneceres del cementerio de mi niñez.” Es ineludible la idea de salvación dentro de este libro. Aquí el discurso mesiánico se ve reflejado no en una reconstrucción del ser desde una perspectiva colectiva, sino que toma sus raíces desde la individualidad del hombre y con relación a la “cura de todos los males” que entendido desde la representación del poeta, simboliza la acción de amar contemplada desde una desperada opción por restablecer el orden que tanto se desea, pero que en esa tentativa, sólo hay palabras y quizás un reproche eterno; la ausencia: “aún conservo el recuerdo de ese niño que fui corriendo tras una pelota al pie de los acantilados solo y alguna veces feliz con la certeza de saber ahora que cuando el día acababa y las pesadillas volvían nuevamente un beso de ambos hubiera bastado para salvarme.” Los sistemas modernos, la superficialidad con la que se vive, son aparatos deshumanizadores que el poeta expropia para matizar a sus personajes de una ironía que lentamente encamina su discurso al hecho preponderante del vacío, de la nada, o la idea de lo absurdo que casi siempre se presentan en los hechos de la vida, que a su vez nos remite al concepto de alienación que en todo caso hará que el ser humano se aísle en sí mismo para luego perderlo todo y empezar así una contradictoria lucha interna consigo mismo: “me hablan de Dios y de Louis Armstrong bebemos hasta aburrirnos de nosotros mismos por las mañanas volvemos cada uno a nuestras extrañas y miserables vidas mucho más locos y maníacos héroes anónimos en esta guerra contra la depresión.” Con una explosiva carga emotiva y una certeza inconfundible, Heraud, nos muestra pues, este “arte de las insanías”, no sólo para disfrutar de su intensa ironía o perversidad, sino para realmente enfrentarnos ante ese espectro que es la nada que ronda en nuestra sombra haciendo una espera interminable; a ese humano que somos: Dolido, indefinido, un ser herido por sus propios ojos, su propia libertad que zozobra en lamentaciones, en tentativas fracasadas, donde acaso sólo el arte hace más bella la agonía, el incendio interno que destruye el corazón y las vísceras secretamente y sin demora, dejando al ser sin esperanza, apenas con palabras y un sórdido papel en blanco que ha de desear nuestro sudor, nuestra sangre primordial, la que crea un murmullo de insufrible realidad, quizás el cielo, que ha de apartar la luz de esa oscuridad que nos hace maliciosamente sonreír sin un por qué, sin alguna razón de felicidad por la cual estar agradecidos, otra vez, la nada como la fiel predecesora del caos: “todo será amada quietud ocaso de todos los tiempos nada zozobrando en la nada.”
Publicado el 15/01/2008 a 07:33
Por Raul Heraud.
El hombre en el caos de la era contemporánea, siempre encontrará sus intérpretes y analistas. Este oficio además de desestabilizador, lo asumen con el reto conmovidos los sicoanalistas, ecólogos, periodistas y médicos: por supuesto también que los novelistas y poetas. Lo mas grave de estos iconos de la humanidad, es poder estudiar la gravitación y la destrucción de la vida humana. Resulta hasta devastador los cuadros que se presentan de la devoración entre los seres humanos. Cuadros que van unidos desde la manipulación de la violencia, la destrucción espiritual, la biografía devorante del poder, la vertebración de los órganos humanos dispersados; y todo lo que trae como consecuencia del fin de la humanidad y el fin del espíritu del hombre. De la evolución de la vida, su transformación, las pesadillas saltantes desde su voz, crispado y doloroso, aparece el interprete, que no halla como solucionar esta utopía humana de la destrucción; y que además para poder descifrarlo con intensidad y experiencia, acude desde su familia e hijos incluyendo la compañera; para demostrarnos que posiblemente lo que ha escrito, quizá algún ser humano, también pueda salvarse de esta devastación. Naturalmente como hacedor y psicólogo, Raúl Heraud, unido a mis palabras antedichas, vuelve con madurez humana y poética a retomar estos temas, con la solidez de quien ejerce la poesía del hombre, en este nuevo libro auspiciador: El Arte de La Destrucción (Buenos Aires, Creadores Argentinos, 2006. Premio Hermandad Latinoamericana. 68 Pág.). El Arte de la Destrucción simboliza, además de otros atributos, el poder salvarse de la destrucción humana y física del mundo, desde emplear una terapéutica del yo del poeta, del yo humanizante de Raúl Heraud. En esta tarea no está solo, también lo asimilan con sufrimiento o no, aquellos que lo rodean, especialmente sus hijos, su esposa y sus padres. Por eso lo confirma desde el lado del dramatismo: Sólo somos pobres criaturas asustadas ebrias para olvidar el resto (…) donde quedó el retazo humano que tejiste para salvarme de mí mismo (Juegos de Muerte) Aterra los cuadros de la vertebración humana. A lo que hemos llegado, a la humana inhumanidad como nos recuerda Heraud, ¿tal vez desde su experiencia, desde su imaginario humano? ¿desde la vertebración de órganos? Dejo gusanos y labios azules en la cocina cerebro en la sala y comedor aquí el aquilatado esqueleto vísceras y páncreas en la pared mi sexo en la gaveta o reciclado memorial en la mesa uñas orejas y dedos sangre ojos tejidos… (Bitácora) De otro modo el mundo puede ser desde el lado que lo vemos o percibimos. En el caso de Heraud, desde la casa, o nuestra morada, es sórdida e insana. Desde ese espacio se convive con la dramática enferma: Pasen esta es la casa devastada de las vidas sórdidas y psiquiatricas de las ejecuciones continuas de los clamores insanos… (Tren Fantasma) El hombre por instinto de conservación suele esconderse de la “tribu panóptica” o de los fantasmas diabólicos, o como lo confirma Heraud de los “ilusionistas de alas rotas”. El hombre del mismo modo puede revelarse cuando el universo está equilibrado, o lanzarse al vacío. Heraud en este libro casi siempre parte de su experiencia, desde el plano de terapeuta, o desde la terapia de la incurabilidad humana. Tal vez desde su oficio de psicólogo se desgrava desde la herencia dramática de los personajes.¿ tal vez lo consiga? Desde la poesía ya nos advierte: Mi casa se pudre en su dolor mis hermanos antropófagos conocidos… (La Casa Desaparecida) El saldo de la familia que le ha quedado al poeta lo ha marcado para siempre en un destino de vivir: Cada noche antes de dormir puedo ver a los fantasmas de mis padres agrediéndose nuevamente… (Tren Fantasma II) La visión de un perseguido o del que se auto exilia huyendo de los fantasmas devorantes, aislado del vicio, lector de poetas del dadaísmo, alejado del suicidio, solo y huyendo de la depresión, es capaz de contarnos escenas dramáticas como las que Heraud desde su propia transmutación se describe, desde luego, desde la paranoia humana: Este cerebro es mi laberinto telaraña enfermiza de la que escapo a diario a veces olvido que clase de humano soy vivo en el manicomio de los cuerdos voy a terapia de tres a cinco tengo amigos locos adictos y maniacos… (Good Bye Blue Sky) Virtualmente volviendo a la organicidad de la estructura de El Arte de la Destrucción, el libro lo conforma veinticinco poemas, dispersos en cinco parte, trae un prólogo de Silvia Aída Catalán, fundadora del Taller Artístico “Alas Rotas” publicado en Buenos Aires. En términos genéricos, El Arte de la Destrucción coloca a Raúl Heraud en un poeta orfebre de la deshumanización del hombre, Sartreano y un defensor de la vida, que solo los auténticos como su pluma de poeta puede salvarnos a todos nosotros.
Por Cesar Toro Montalvo, Poeta e Historiador de Literatura.
Publicado el 04/05/2007 a 06:11
Por Raul Heraud.
Publicado el 04/05/2007 a 06:11
Por Raul Heraud.
Publicado el 22/07/2006 a 05:43
Por Raul Heraud.
Pequeño Dios cuando abandones tu sagrada indiferencia y dejes la cerradura abierta para que camellos y locos sean tan libres como el asesino de niños cuando no reclames tristes almas en las puertas del infierno y tus angeles afeminados vengan a vivir a este enorme panteón donde ya nadie te nombra cuando recorras cada pozo de huesos cada mierdero con sus despojos humanos comprenderás que no se trata de amor ni de juicio final solo que aquí huele a muerte permanentemente.
Publicado el 12/06/2006 a 17:43
Por Raul Heraud.
Humor : Tierno
Me iré una noche como hoy con los ojos perturbados y mi niño desconocido abrazando su figura malsana dejo gusanos y labios azules en la cocina cerebro en la sala y comedor aquí el aquilatado esqueleto vísceras y páncreas en la pared mi sexo en la gaveta o reciclado memorial en la mesa uñas orejas y dedos … sangre, ojos tejidos oscuros rezagos de alegría amables residuos de humanidad pasajera.
Publicado el 12/06/2006 a 17:28
Por Raul Heraud.
Cuánto tiempo hay que esperar, tiremos por fin la casa abajo corramos, salvémonos, cada uno por su lado después tal vez nos encontremos, agarren a los niños no olviden sus corazones, la memoria abandónenla es demasiado dolorosa, quemenlo todo indiferencia brutalidad, corran cada uno por su lado olviden los espejos, los cuadros los relojes, están enfermos, olviden la mesa de ayer los insultos los golpes olviden las lágrimas las páginas escritas los famélicos clavos las mañanas muertas, corran cada uno por su lado tal vez algun día nos encontremos, dejen sus bocas los rencores antropófagos tiren los ojos y las manos al fuego ya no son necesarias, destruyan las máquinas de dolor el tiempo destruyan todos los tiempos presente y pasado, asesinen los recuerdos los adjetivos no les tengan compasión, huyan huyamos de una vez, cada quién con cada cuál quizá algún día nos encontremos en cualquiera de nuestras acostumbradas tardes de sangre odiándonos y perdonándonos como siempre, pero juntos hermanos, juntos.
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sanmarcos : cuando lo invitan a la universidad?
deskrga2 : blog.iespana.es /deskrga2
iguana : te flicito bro por q seraq los poetas malditos no los lee nadie?'''''
SIGNOS. : Hermano, hemos posteado tu presentación y las noticias sobre tu libro. Desde nuestro amado Lambayeque saludamos el buen trabajo que realizas.
Cromwell P : Bien por ti y por tu producción literaria. Que te vaya excelente en Cuba. Desde Lambayeque, mi apoyo y el de SIGNOS. Un gran abrazo.
Carla : Felicitaciones por este nuevo libro, esperamos que a tu retorno de la presentación en Cuba presentes el libro aquí también. Se vé que está super bueno
dark : gracias X el abismo, poeta maldito
ana maria : una linda tarde de lunes poética. muchos de tus poemas me gustaron. un abrazo. am.
RaúlHeraud : Queridos amigos les invito a la presentación de mi último Poemario este Miercoles 05/12 a las 4:00pm en la Feria del Libro Ricardo Palma en Miraflores
Irónica : Como siempre llenando cada palabra de tu toque personal, no cierres nunca la puerta de tu poesía!!!
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