Mientras unas se sentaban en uno de esos escalones simulados que tanto sirven para esclafar el culo como para subirte a bailar y que te vean mejor los moscones del lugar, otras optábamos por el baile. Pero todas mirábamos alrededor. No esperábamos encontrar un Adonis perfecto, pero sí que fuese medianamente normal.
A Marga le entró la risa tonta cuando la invitó a una copa un chico cuya camisa con motivos florales anunciaba a los más despistados que ya estábamos en primavera. Los tres primero botones desabrochados eran indicativos del calor que tenía el chaval y su pecho lobo gritaba a las claras que pasaba de la metrosexualidad. Ella rehusó su amable invitación con la mejor sonrisa que fue capaz de articular.
Una rubia botellazo de larga y rizada melena, pantalones ajustados de pitillo que remarcan un trasero de los que hacen época, sandalias de tacón de aguja de 6 centímetros y top negro de tirantes que aplasta un par de tetas impresionantes que amenazan con explotarlo si pega dos botes más, me acaba de dejar impresionada. Si yo, siendo chica no he podido evitar fijarme en ella ¿qué chico no la habrá desnudado con la mirada? Y eso, que tal y como va vestida, deja poco margen a la imaginación.
Sofía pregunta si cambiamos de bar. Bueno... como cambiar podíamos cambiar, pero en el otro no es que fuésemos a encontrar algo diferente a éste. Otras caras, otras indumentarias... ¡Ya estábamos en otro bar! Y la historia se repetía: en una mano 5 euros convertidos en un cubata de garrafón que al día siguiente te reportaría uno de esos dolores de cabeza asquerosamente resacosos y en la otra un nicotinoso Marlboro que por muy lighs que fuera pocos beneficios le reportaría a nuestros pulmones.
Y ásí transcurren las noches de los Sábados, entre chicos que no te gustan, chicas que no te dejan de impresionar. Copas y cigarros. Pero... ¿no es peor quedarse en casa? Al menos, tienes junto a ti a tus amigas y nadie os quitará unas risas que, con toda seguridad, el sofá de tu casa no te dará.

> Leer el comentario