iMAIL gratis iWEB gratis iBLOG gratis iBLOG anterior iBLOG siguiente
Blog gratis



Publicado el 23 enero 2009 a 7:21:05 PM
Por comunidad.ebiana

El 23 de enero de 1958, un movimiento cívico-militar derrocó al gobierno de Marcos Pérez Jiménez, quien abandonaría el país con rumbo a República Dominicana a bordo del avión presidencial la «Vaca Sagrada». El antecedente más cercano de dicho acontecimiento se produjo el primero de enero del mismo año, cuando aviones de guerra surcaron los cielos despertando a toda Caracas. El asombro fue mayúsculo, incluso para los propios partidarios del gobierno, ya que hacía exactamente un mes, se había efectuado un plebiscito para prolongar el mandato de Pérez Jiménez, darle cierta solidez a su régimen y legitimidad ante las Fuerzas Armadas. Sin embargo, a pesar de que el alzamiento fue develado, a medida que se fueron revelando los nombres de los implicados se pudo apreciar cuán extendido y profundo era el malestar entre los oficiales de las tres fuerzas. Por tal motivo, aunque el golpe fracasó no fortaleció al gobierno, sino que aceleró el proceso de deterioro que terminaría 23 días más tarde con su caída. Esto último fue producto de una acumulación de oposiciones que, al final convirtieron el derrocamiento de la dictadura en una causa nacional.

Tanques en Caracas
Tanques en Caracas - Foto El Universal

Profundizando un poco en las causas que derivaron en la caída de Pérez Jiménez, hay que señalar fundamentalmente 2 aspectos. En primer lugar, la crisis militar, originada a partir de los mencionados sucesos del 1 de enero de 1958, los cuales trastocaron el poder absoluto que hasta entonces tenía el primer mandatario en el seno de las Fuerzas Armadas. En tal sentido, el alzamiento de los oficiales de la Fuerza Aérea en la Base de Boca de Río, cercana a la ciudad de Maracay y del cuerpo de blindados del cuartel Urdaneta de Caracas al mando del teniente coronel Hugo Trejo, produjo o evidenció una crisis de liderazgo en la institución castrense. En segundo lugar, la crisis política en el propio seno del gobierno producto de la descomposición y fraccionamiento del mismo a raíz del plebiscito de diciembre de 1957 y que originó 2 cambios de gabinete sucesivos, los días 10 y 13 de enero de 1958 respectivamente y la salida hacia el exterior de los personeros más cercanos a Pérez Jiménez vetados por las Fuerzas Armadas, Laureano Vallenilla Lanz, ministro hasta entonces del Interior, y Pedro Estrada, jefe de la policía política del régimen, la Seguridad Nacional.

A partir de los sucesos del 1 de enero y ante la manifiesta crisis política y militar del régimen perejimenista, comenzaron a publicarse diversos manifiestos en contra del gobierno tambaleante, firmados por hombres y mujeres representativos de diferentes campos de la actividad económica, profesional y cultural, así como pronunciamientos públicos de instituciones nacionales como el Colegio de Ingenieros, la Asociación Venezolana de Periodistas, federaciones obreras y sectores empresariales que hasta ese momento no habían manifestado abiertamente su repudio a la dictadura. Todas las acciones de calle en contra del régimen, tendrán su momento cumbre en la huelga general del 21 de enero, movilizada por la Junta Patriótica (unión de los diversos partidos políticos), junto a los estudiantes, empresarios y las masas populares, la cual tomó un carácter unitario que prestó el apoyo necesario a los oficiales alzados.

En la madrugada del 23 de enero, pese a contar con el apoyo de un importante sector de las Fuerzas Armadas, Pérez Jiménez decide abandonar el Palacio de Miraflores y trasladarse al aeropuerto de La Carlota (situado en plena ciudad de Caracas), para tomar el avión que lo conduciría a la República Dominicana. Al conocerse la noticia del derrocamiento, el pueblo se lanzó a la calle, saqueando las casas de los adeptos al régimen; atacando la sede de la Seguridad Nacional y linchando a algunos funcionarios.

Celebración frente a la Seguridad Nacional
Celebración frente a la Seguridad Nacional
Foto El Universal

Asimismo, destruyeron la sede y los equipos del periódico oficialista El Heraldo. Por otra parte, en pocas horas el Palacio de Miraflores se convirtió en el sitio de reunión de los sublevados y de innumerables dirigentes políticos y personalidades, quienes procedieron a nombrar una Junta de Gobierno Provisional que reemplazara al régimen derrocado. La Junta la constituyeron el contralmirante Wolfang Larrazabal como presidente y los coroneles Carlos Luis Araque, Pedro José Quevedo, Roberto Casanova y Abel Romero Villate. Al amanecer del día 23, los venezolanos celebran la caída de Pérez Jiménez, a la vez que protestan por la presencia en la Junta de Gobierno de Casanova y Romero Villate, reconocidos miembros del perejimenismo; los cuales finalmente fueron obligados a renunciar y reemplazados el día 24 de enero por los empresarios Eugenio Mendoza y Blas Lamberti.

Con el objeto de facilitar el trabajo de la Junta de Gobierno y restablecer la democracia en Venezuela, se designó también un gabinete provisional compuesto por juristas, empresarios y ejecutivos, reservándose a un militar, el coronel Jesús María Castro León, el ministerio de la Defensa. Posteriormente, la Junta de Gobierno convoca a elecciones para diciembre de ese mismo año; se liberan a los presos políticos en todo el país, se amplía la Junta Patriótica con representantes de sectores independientes, ratificándose en la presidencia de la misma al periodista Fabricio Ojeda; se abre el proceso de castigo a los personeros del gobierno perejimenista y regresan los exiliados. En esos días se iniciaba de manera definitiva, una nueva etapa en la historia de la Venezuela contemporánea.

Fabricio Ojeda y Monseñor Rafael Arias Blanco
Fabricio Ojeda y Monseñor Rafael Arias Blanco
Foto El Universal

Publicado el 21 enero 2009 a 6:37:19 PM
Por comunidad.ebiana
Humor : Alegre

                                   

El acto reviste la mayor solemnidad. Ante 26 de los 30 diputados electos, ante distinguidas personalidades invitadas, el 15 de febrero de 1819 se instala el Congreso de Angostura con un discurso medular de Simón Bolívar, Jefe Supremo de la República desde 1816.

Francisco Antonio Zea es electo Presidente del Congreso, y éste, ya en posesión, invita a tomar la elección de un Presidente de la República interino. Como era de esperarse, el elegido es Simón Bolívar. Al Libertador, sin embargo, le preocupa más la guerra que la Presidencia. Pide, por tanto, que se le acepte la renuncia:

«Legisladores: Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la República; en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria; ellas sellarán los decretos que fijan nuestra libertad.... »

Las discusiones duran dos días. Los diputados insisten en que Bolívar debe ser el Presidente interino. El día 17 de febrero aceptó y juró obediencia al Soberano Congreso.

El discurso de Bolívar en Angostura está lleno de sabias reflexiones, de un insuperable contenido político y filosófico. Es difícil concebir que pieza tan sesuda pudo haber sido creada en medio del estruendo de la guerra, los viajes a caballo, en embarcaciones, los sacrificios, las intrigas de los mismos conciudadanos. Es el poder de concentración lo que asombra de Bolívar, demostrado cuando dictaba hasta tres y cuatro cartas a la vez.

En Angostura, Bolívar es sociólogo, filósofo, historiador, visionario, nos muestra lo que ha asimilado de los clásicos antiguos y modernos, es esencialmente un político creador. Cuando nos habla del Poder Moral, su cuarto Poder, pone de manifiesto la sensibilidad de su alma y su preocupación por la educación del pueblo: «La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades .. »

Bolívar se pronuncia también por un Gobierno republicano, cuyas bases serían «la soberanía del pueblo; la división de los poderes; la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y los privilegios».

Este discurso de Angostura tiene unas cinco mil palabras. Bolívar le encomendó a Manuel Palacio Fajardo que le hiciera las observaciones que creyera convenientes. Apenas pronunciado en el recinto del Congreso, Bolívar lo entregó al súbdito británico James Hamilton, comerciante residenciado en Angostura, para que lo tradujera al inglés. Este manuscrito, escrito por ambas caras en un cuaderno de 32 folios, permaneció en manos de los familiares de Hamilton, hasta que fue rescatado por Pedro Grases en 1975 y publicado en reproducción facsimilar que ordenó el entonces Presidente Carlos Andrés Pérez.

SIMON BOLIVAR PRESIDENTE DE VENEZUELA

A dos días de haberse instalado el célebre Congreso de Angostura, el 17 de febrero de 1819, Simón Bolívar se juramento como Presidente de Venezuela. A partir de ese momento aparece en los documentos oficiales la denominación «Libertador Presidente de la República de Venezuela», hasta el 17 de diciembre de este mismo año, en que pasa a ser Presidente de la nueva República de Colombia que él mismo ha creado.

LA CAPITAL SE MUDA DE ANGOSTURA

El 20 de febrero de 1821 el gobierno se muda desde Angostura hacia la ciudad de Cúcuta, perteneciente al Departamento de Nueva Granada, hoy Colombia, donde quedaba temporalmente establecida la capital. Le correspondió a Carlos Soublette, quien ejercía la Vicepresidencia de la República para ese momento, efectuar el traslado. El Congreso de Cúcuta fijó luego la capital de la República de Colombia en Bogotá, provocando reacciones desfavorables entre los venezolanos.

NACE CIUDAD BOLIVAR

El 22 de mayo de 1764, con la bendición del Fortín de San Gabriel, se cumple la fundación de la ciudad de Angostura, que se había empezado a trasladar desde Santo Tomé el 14 de febrero de ese mismo año. Fue Don Joaquín Sabás Moreno de Mendoza quien realizó, por encargo de Don José Solano, el traslado de dicha ciudad. Privaron en ello factores económicos, de seguridad y ambientales. El 22 de mayo de 1964 se celebró el bicentenario de Angostura.

ANGOSTURA ES CIUDAD BOLIVAR

El 30 de mayo de 1846, durante la Presidencia del General Carlos Soublette, Angostura recibe el nombre de Ciudad Bolívar, en honor al Libertador. Las autoridades y el pueblo de Angostura habían expresado este deseo desde 1843, cuando se dirigieron al Congreso Nacional solicitando un pronunciamiento al respecto. El decreto del Presidente Soublette tuvo vigencia a partir del 24 de junio de este año.

DISCURSO DE BOLIVAR ANTE EL CONGRESO DE ANGOSTURA

Discurso publicado en el Correo del Orinoco, números 19, 20, 21 y 22 del 20 de febrero al 13 de marzo de 1819. El Libertador, en carta de Tunja de 26 de marzo de 1820, escribía lo siguiente al general Santander: «Mando a usted la Gaceta. Número 22, para la continuación de mi discurso; en ella es menester tomar el mayor interés en sus enmendaduras, porque lo he hecho en el mayor desorden, pero lo que está borrado debe no ponerse. Lo que está subrayado, como son las expresiones de Montesquieu, que se ponga en letra bastardilla, y la divisa en letra mayúscula»
La reproducción la hizo Nicomedes Lora en la imprenta de B. Espinosa, año de 1820. Nosotros hemos adoptado la versión del Correo del Orinoco.
1819

Señor. ¡Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado la soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta! Yo, pues, me cuento entre los seres más favorecidos de la Divina Providencia, ya que he tenido el honor de reunir a los representantes del pueblo de Venezuela en este augusto Congreso, fuente de la autoridad legítima, depósito de la voluntad soberana y árbitro del destino de la nación.

Al trasmitir a los representantes del pueblo el Poder Supremo que se me había confiado, colmo los votos de mi corazón, los de mis conciudadanos y los de nuestras futuras generaciones, que todo lo esperan de vuestra sabiduría, rectitud y prudencia. Cuando cumplo con este dulce deber, me liberto de la inmensa autoridad que me agobiaba, como de la responsabilidad ilimitada que pesaba sobre mis débiles fuerzas. Solamente una necesidad forzosa, unida a la voluntad imperiosa del pueblo, me habría sometido al terrible y peligroso encargo de Dictador Jefe Supremo de la República. ¡Pero ya respiro devolviéndoos esta autoridad, que con tanto riesgo, dificultad y pena he logrado mantener en medio de las tribulaciones más horrorosas que pueden afligir a un cuerpo social!

No ha sido la época de la República, que he presidido, una mera tempestad política, ni una guerra sangrienta, ni una anarquía popular, ha sido, sí, el desarrollo de todos los elementos desorganizadores; ha sido la inundación de un torrente infernal que ha sumergido la tierra de Venezuela. Un hombre, ¡y un hombre como yo!, ¿qué diques podría oponer al ímpetu de estas devastaciones? En medio de este piélago de angustias no he sido más que un vil juguete del huracán revolucionario que me arrebataba como una débil paja. Yo no he podido hacer ni bien ni mal; fuerzas irresistibles han dirigido la marcha de nuestros sucesos; atribuírmelos no sería justo y sería darme una importancia que no merezco. ¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual? Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las Leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano, la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional. No me preguntéis sobre los efectos de estos trastornos para siempre lamentables; apenas se me puede suponer simple instrumento de los grandes móviles que han obrado sobre Venezuela; sin embargo, mi vida, mi conducta, todas mis acciones públicas y privadas están sujetas a la censura del pueblo. ¡Representantes! Vosotros debéis juzgarlas. Yo someto la historia de mi mando a vuestra imparcial decisión; nada añadiré para excusarla; ya he dicho cuanto puede hacer mi apología. Si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime título de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de Pacificador que me dio Cundinamarca, y a los que el mundo entero puede dar.

¡Legisladores!

Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la República; en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria, ellas sellarán los decretos que fijen nuestra libertad. En este momento el Jefe Supremo de la República no es más que un simple ciudadano; y tal quiere quedar hasta la muerte. Serviré, sin embargo, en la carrera de las armas mientras haya enemigos en Venezuela. Multitud de beneméritos hijos tiene la patria capaces de dirigirla, talentos, virtudes, experiencia y cuanto se requiere para mandar a hombres libres, son el patrimonio de muchos de los que aquí representan el pueblo; y fuera de este Soberano Cuerpo se encuentran ciudadanos que en todas épocas han mostrado valor para arrostrar los peligros, prudencia para evitarlos, y el arte, en fin, de gobernarse y de gobernar a otros. Estos ilustres varones merecerán, sin duda, los sufragios del Congreso y a ellos se encargará del gobierno, que tan cordial y sinceramente acabo de renunciar para siempre.

La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.

Ya, pues, que por este acto de mi adhesión a la libertad de Venezuela puedo aspirar a la gloria de ser contado entre sus más fieles amantes, permitidme, señor, que exponga con la franqueza de un verdadero republicano mi respetuoso dictamen en este Proyecto de Constitución que me tomo la libertad de ofreceros en testimonio de la sinceridad y del candor de mis sentimientos. Como se trata de la salud de todos, me atrevo a creer que tengo derecho para ser oído por los representantes del pueblo. Yo se muy bien que vuestra sabiduría no ha menester de consejos, y sé también que mi proyecto acaso, os parecerá erróneo, impracticable. Pero, señor, aceptad con benignidad este trabajo, que más bien es el tributo de mi sincera sumisión al Congreso que el efecto de una levedad presuntuosa. Por otra parte, siendo vuestras funciones la creación de un cuerpo político y aun se podría decir la creación de un sociedad entera, rodeada de todos los inconvenientes que presenta una situación la más singular y difícil, quizás el grito de un ciudadano puede advertir la presencia de un peligro encubierto o desconocido.

Echando una ojeada sobre lo pasado, veremos cuál es la base de la República de Venezuela.

Al desprenderse América de la Monarquía Española, se ha encontrado, semejante al Imperio Romano, cuando aquella enorme masa, cayó dispersa en medio del antiguo mundo. Cada desmembración formó entonces una nación independiente con forme a su situación o a sus intereses; pero con la diferencia de que aquellos miembros volvían a restablecer sus primeras asociaciones. Nosotros ni aun conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado. Todavía hay más; nuestra suerte ha sido siempre puramente pasiva, nuestra existencia política ha sido siempre nula y nos hallamos en tanta más dificultad para alcanzar la libertad, cuanto que estábamos colocados en un grado inferior al de la servidumbre; porque no solamente se nos había robado la libertad, sino también la tiranía activa y doméstica. Permítaseme explicar esta paradoja. En el régimen absoluto, el poder autorizado no admite límites. La voluntad del déspota, es la ley suprema ejecutada arbitrariamente por los subalternos que participan de la opresión organizada en razón de la autoridad de que gozan. Ellos están encargados de las funciones civiles, políticas, militares y religiosas, pero al fin son persas los sátrapas de Persia, son turcos los bajáes del gran señor, son tártaros los sultanes de la Tartaria. China no envía a buscar mandarines a la cuna de Gengis Kan que la conquistó. Por el contrario, América, todo lo recibía de España que realmente la había privado del goce y ejercicio de la tiranía activa; no permitiéndonos sus funciones en nuestros asuntos domésticos y administración interior. Esta abnegación nos había puesto en la imposibilidad de conocer el curso de los negocios públicos; tampoco gozábamos de la consideración personal que inspira el brillo del poder a los ojos de la multitud, y que es de tanta importancia en las grandes revoluciones. Lo diré de una vez, estábamosabstraídos, ausentes del universo, en cuanto era relativo a la ciencia del gobierno.

Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir, ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros las lecciones que hemos recibido, y los ejemplos que hemos estudiado, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia, de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad; la traición por el patriotismo; la venganza por la justicia. Semejante a un robusto ciego que, instigado por el sentimiento de sus fuerzas, marcha con la seguridad del hombre más perspicaz, y dando en todos los escollos no puede rectificar sus pasos. Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Así, legisladores, vuestra empresa es tanto más ímproba cuanto que tenéis que constituir a hombres pervertidos por las ilusiones del error, y por incentivos nocivos. «La libertad-dice Rousseau es un alimento suculento, pero de difícil digestión». Nuestros débiles conciudadanos tendrán que enrobustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de las mazmorras, y aniquilados por las pestilencias serviles, ¿eran capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto templo de la libertad? ¿Serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina?

Meditad bien vuestra elección, legisladores. No olvidéis que vais a echar los fundamentos a un pueblo naciente que podrá elevarse a la grandeza que la naturaleza le ha señalado, si vosotros proporcionáis su base al eminente rango que le espera. Si vuestra elección no está presidida por el genio tutelar de Venezuela que debe inspiraros el acierto de escoger la naturaleza y la forma de gobierno que vais a adoptar para la felicidad del pueblo; si no acertáis, repito, la esclavitud será el término de nuestra transformación.

Los anales de los tiempos pasados os presentarán millares de gobiernos. Traed a la imaginación las naciones que han brillado sobre la tierra, y contemplaréis afligidos que casi toda la tierra ha sido, y aún es, víctima de sus gobiernos. Observaréis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género humano conducido por pastores de pueblos, no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver nuestra dócil especie pacer sobre la superficie del globo como viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores. La naturaleza, a la verdad, nos dota al nacer del incentivo de la libertad; mas sea pereza, sea propensión inherente a la humanidad, lo cierto es que ella reposa tranquila aunque ligada con las trabas que le imponen. Al contemplarla en este estado de prostitución, parece que tenemos razón para persuadirnos que, los más de los hombres tienen por verdadera aquella humillante máxima, que más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía.

¡Ojalá que esta máxima contraria a la moral de la naturaleza, fuese falsa! ¡Ojalá que esta máxima no estuviese sancionada por la indolencia de los hombres con respecto a sus derechos más sagrados!

Muchas naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; pero son rarísimas las que han sabido gozar de algunos preciosos momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos; porque son los pueblos, más bien que los gobiernos, los que arrastran tras sí la tiranía. El hábito de la dominación, los hace insensibles a los encantos del honor y de la prosperidad nacional; y miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la tutela de leyes dictadas por su propia voluntad. Los fastos del universo proclaman esta espantosa verdad.

Sólo la democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad; pero ¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad y permanencia? ¿Y no se ha visto por el contrario la aristocracia, la monarquía cimentar grandes y poderosos imperios por siglos y siglos? ¿Qué gobierno más antiguo que el de China? ¿Qué República ha excedido en duración a la de Esparta, a la de Venecia? ¿El Imperio Romano no conquistó la tierra? ¿No tiene Francia catorce siglos de monarquía? ¿Quién es más grande que Inglaterra? Estas naciones, sin embargo, han sido o son aristocracias y monarquías.

A pesar de tan crueles reflexiones, yo me siento arrebatado de gozo por los grandes pasos que ha dado nuestra República al entrar en su noble carrera. Amando lo más útil, animada de lo más justo, y aspirando a lo más perfecto al separarse Venezuela de la nación española, ha recobrado su independencia, su libertad, su igualdad, su soberanía nacional. Constituyéndose en una República democrática, proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios; declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir. Estos actos eminentemente liberales jamás serán demasiado admirados por la pureza que los ha dictado. El primer Congreso de Venezuela ha estampado en los anales de nuestra legislación con caracteres indelebles, la majestad del pueblo dignamente expresada, al sellar el acto social más capaz de formar la dicha de una nación. Necesito de recoger todas mis fuerzas para sentir con toda la vehemencia de que soy susceptible, el supremo bien que encierra en sí este Código inmortal de nuestros derechos y de nuestras leyes. ¡Pero cómo osaré decirlo! ¿Me atreveré yo a profanar, con mi censura las tablas sagradas de nuestras leyes?... Hay sentimientos que no se pueden contener en el pecho de un amante de la patria; ellos rebosan agitados por su propia violencia, y a pesar del mismo que los abriga, una fuerza imperiosa los comunica. Estoy penetrado de la idea de que el gobierno de Venezuela debe reformarse; y que aunque muchos ilustres ciudadanos piensan como yo, no todos tienen el arrojo necesario para profesar públicamente la adopción de nuevos principios. Esta consideración me insta a tomar la iniciativa en un asunto de la mayor gravedad, y en que hay sobrada audacia en dar avisos a los consejeros del pueblo.

Cuanto más admiro la excelencia de la Constitución federal de Venezuela, tanto más me persuado de la imposibilidad de su aplicación a nuestro estado. Y, según mi modo de ver, es un prodigio que su modelo en el Norte de América subsista tan prósperamente y no se trastorne al aspecto del primer embarazo o peligro. A pesar de que aquel pueblo es un modelo singular de virtudes políticas y de ilustración moral; no obstante que la libertad ha sido su cuna, se ha criado en la libertad, y se alimenta de pura libertad; lo diré todo, aunque Bajo de muchos respectos, este pueblo es único en la historia del género humano es un prodigio, repito, que un sistema tan débil y complicado como el federal haya podido regirlo en circunstancias tan difíciles y delicadas como las pasadas. Pero sea lo que fuere de este gobierno con respecto a la nación norteamericana, debo decir, que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de los Estados tan distintos como el inglés americano y el americano español. ¿No sería muy difícil aplicar a España el Código de libertad política, civil y religiosa de Inglaterra? Pues aun es más difícil adaptar en Venezuela las leyes de Norteamérica. ¿No dice el Espíritu de las Leyes que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿Que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿Que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos? ¿Referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!

La Constitución venezolana sin embargo de haber tomado sus bases de la más perfecta, si se atiende a la corrección de los principios y a los efectos benéficos de su administración, difirió esencialmente de la americana en un punto cardinal y, sin duda, el más importante. EL Congreso de Venezuela como el americano participa de algunas de las atribuciones del Poder Ejecutivo. Nosotros, además, subdividimos este Poder habiéndolo sometido a un cuerpo colectivo sujeto, por consiguiente, a los inconvenientes de hacer periódica la existencia del gobierno, de suspenderla y disolverla siempre que se separan sus miembros. Nuestro triunvirato carece, por decirlo, de unidad, de continuación y de responsabilidad individual; está privado de acción momentánea, de vida continua, de uniformidad real, de responsabilidad inmediata y un gobierno que no posee cuanto constituye su moralidad, debe llamarse nulo.

Aunque las facultades del Presidente de los Estados Unidos están limitadas con restricciones excesivas, ejerce por sí solo todas las funciones gubernativas que la Constitución le atribuye, y es indudable que su administración debe ser más uniforme, constante y verdaderamente propia, que la de un poder diseminado entre varios individuos cuyo compuesto no puede ser sernos menos que monstruoso.

El poder judicial en Venezuela es semejante al americano, indefinido en duración, temporal y no vitalicio, goza de toda la independencia que le corresponde.

El Primer Congreso en su Constitución federal más consultó el espíritu de las provincias, que la idea sólida de formar una República indivisible y central. Aquí cedieron nuestros legisladores al empeño inconsiderado de aquellos provinciales seducidos por el deslumbrante brillo de la felicidad del pueblo americano, pensando que, las bendiciones de que goza son debidas exclusivamente a la forma de gobierno y no al carácter y costumbres de los ciudadanos. Y, en efecto, el ejemplo de los Estados Unidos, por su peregrina prosperidad, era demasiado lisonjero para que no fuese seguido. ¿Quién puede resistir al atractivo victorioso del goce pleno y absoluto de la soberanía, de la independencia, de la libertad? ¿Quién puede resistir al amor que inspira un gobierno inteligente que liga a un mismo tiempo, los derechos particulares a los derechos generales; que forma de la voluntad común la ley suprema de la voluntad individual? ¿Quién puede resistir al imperio de un gobierno bienhechor que con una mano hábil, activa, y poderosa dirige siempre, y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección social, que es el fin único de las instituciones humanas?

Mas por halagüeño que parezca, y sea en efecto este magnifico sistema federativo, no era dado a los venezolanos gozarlo repentinamente al salir de las cadenas. No estábamos preparados para tanto bien; el bien, como el mal, da la muerte cuando es súbito y excesivo. Nuestra constitución moral no tenía todavía La consistencia necesaria para recibir el beneficio de un gobierno completamente representativo, y tan sublime que podía ser adaptado a una república de santos.

¡Representantes del Pueblo! Vosotros estáis llamados para consagrar, o suprimir cuanto os parezca digno de ser conservado, reformado, o desechado en nuestro pacto social. A vosotros pertenece el corregir la obra de nuestros primeros legisladores; yo querría decir, que a vosotros toca cubrir una parte de la belleza que contiene nuestro Código político; porque no todos los corazones están formados para amar a todas las beldades; ni todos los ojos, son capaces de soportar la luz celestial de la perfección. EL libro de los Apóstoles, la moral de Jesús, la obra Divina que nos ha enviado la Providencia para mejorar a los hombres, tan sublime, tan santa, es un diluvio de fuego en Constantinopla, y el Asia entera ardería en vivas llamas, si este libro de paz se le impusiese repentinamente por código de religión, de leyes y de costumbres.

Séame permitido llamar la atención del Congreso sobre una materia que puede ser de una importancia vital. Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de Europa, pues que hasta España misma, deja de ser Europa por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia.

Los ciudadanos de Venezuela gozan todos por la Constitución, intérprete de la naturaleza, de una perfecta igualdad política. Cuando esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en Francia y en América, deberíamos nosotros consagrarlo para corregir la diferencia que aparentemente existe. Mi opinión es, legisladores, que el principio fundamental de nuestro sistema, depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela. Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud y no todos la practican; todos deben ser valerosos, y todos no lo son; todos deben poseer talentos, y todos no lo poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la sociedad más liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social. Es una inspiración eminentemente benéfica, la reunión de todas las clases en un estado, en que la diversidad se multiplicaba en razón de la propagación de la especie. Por este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuántos celos, rivalidades y odios se han evitado!

Habiendo ya cumplido con la justicia, con la humanidad, cumplamos ahora con la política, con la sociedad, allanando las dificultades que opone un sistema tan sencillo y natural, mas tan débil que el menor tropiezo lo trastorna, lo arruina. La diversidad de origen requiere un pulso infinitamente firme, un tacto infinitamente delicado para manejar esta sociedad heterogénea cuyo complicado artificio se disloca, se divide, se disuelve con la más ligera alteración.

El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política. Por las leyes que dictó el primer Congreso tenemos derecho de esperar que la dicha sea el dote de Venezuela; y por las vuestras, debemos lisonjearnos que la seguridad y la estabilidad eternizarán esta dicha. A vosotros toca resolver el problema. ¿Cómo, después de haber roto todas las trabas de nuestra antigua opresión podemos hacer la obra maravillosa de evitar que los restos de nuestros duros hierros no se cambien en armas liberticidas? Las reliquias de la dominación española permanecerán largo tiempo antes que lleguemos a anonadarlas; el contagio del despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra, ni el específico de nuestras saludables leyes han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres, y todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre. EL hombre, al perder la libertad, decía Homero, pierde la mitad de su espíritu.

Un gobierno republicano ha sido, es, y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios. Necesitamos de la igualdad para refundir, digámoslo así, en un todo, la especie de los hombres, las opiniones políticas y las costumbres públicas. Luego, extendiendo la vista sobre el vasto campo que nos falta por recorrer, fijemos la atención sobre los peligros que debemos evitar. Que la historia nos sirva de guía en esta carrera. Atenas, la primera, nos da el ejemplo más brillante de una democracia absoluta, y al instante, la misma Atenas, nos ofrece el ejemplo más melancólico de la extrema debilidad de esta especie de gobierno. El más sabio legislador de Grecia no vio conservar su República diez años, y sufrió la humillación de reconocer la insuficiencia de la democracia absoluta para regir ninguna especie de sociedad, ni con la más cuita, morígera y limitada, porque sólo brilla con relámpagos de libertad. Reconozcamos, pues, que Solón ha desengañado al mundo; y le ha enseñado cuán difícil es dirigir por simples leyes a los hombres.

La República de Esparta, que parecía una invención quimérica, produjo más efectos reales que la obra ingeniosa de Solón. Gloria, virtud moral, y, por consiguiente, la felicidad nacional, fue el resultado de la legislación de Licurgo. Aunque dos reyes en un Estado son dos monstruos para devorarlo, Esparta poco tuvo que sentir de su doble trono, en tanto que Atenas se prometía la suerte más espléndida, con una soberanía absoluta, libre elección de magistrados, frecuentemente renovados. Leyes suaves, sabias y políticas. Pisístrato, usurpador y tirano fue más saludable a Atenas que sus leyes; y Pericles, aunque también usurpador, fue el más útil ciudadano. La República de Tebas no tuvo más vida que la de Pelópidas y Epaminondas; porque a veces son los hombres, no los principios, los que forman los gobiernos. Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las repúblicas!

La Constitución Romana es la que mayor poder y fortuna ha producido a ningún pueblo del mundo; allí no había una exacta distribución de los poderes. Los Cónsules, el Senado, el Pueblo, ya eran Legisladores, ya magistrados, ya Jueces; todos participaban de todos los poderes. El Ejecutivo, compuesto de dos Cónsules, padecía el mismo inconveniente que el de Esparta. A pesar de su deformidad no sufrió la República la desastrosa discordancia que toda previsión habría supuesto inseparable de una magistratura compuesta de dos individuos, igualmente autorizados con las facultades de un monarca. Un gobierno cuya única inclinación era la conquista, no parecía destinado a cimentar la felicidad de su nación. Un gobierno monstruoso y puramente guerrero, elevó a Roma al más alto esplendor de virtud y de gloria; y formó de la tierra un dominio romano para mostrar a los hombres de cuánto son capaces las virtudes políticas; y cuán diferentes suelen ser las instituciones.

Y pasando de los tiempos antiguos a los modernos encontraremos a Inglaterra y a Francia llamando la atención de todas las naciones, y dándoles lecciones elocuentes de toda especie en materia de gobierno. La revolución de estos dos grandes pueblos, como un radiante meteoro, ha inundado al mundo con tal profusión de luces políticas, que ya todos los seres que piensan han aprendido cuáles son los derechos del hombre y cuáles sus deberes; en qué consiste la excelencia de los gobiernos y en qué consisten sus vicios. Todos saben apreciar el valor intrínseco de las teorías especulativas de los filósofos y legisladores modernos. En fin, este astro, en su luminosa carrera, aun ha encendido los pechos de los apáticos españoles, que también se han lanzado en el torbellino político; han hecho sus efímeras pruebas de libertad, han reconocido su incapacidad para vivir bajo el dulce dominio de las leyes y han vuelto a sepultarse en sus prisiones y hogueras inmemoriales.

Aquí es el lugar de repetiros, legisladores, lo que os dice el elocuente Volney en la dedicatoria de su Ruinas de Palmira: «A los pueblos nacientes de las Indias Castellanas, a los jefes generosos que los guían a la libertad: que los errores e infortunios del mundo antiguo enseñen la sabiduría y la felicidad al mundo nuevo». Que no se pierdan, pues, las lecciones de la experiencia; y que las secuelas de Grecia, de Roma, de Francia, de Inglaterra y de América nos instruyan en la difícil ciencia de crear y conservar las naciones con leyes propias, justas, legítimas, y sobre todo útiles. No olvidando jamás que la excelencia de un gobierno no consiste en su teórica, en su forma, ni en su mecanismo, sino en ser apropiado a la naturaleza y al carácter de la nación para quien se instituye.

Roma y la Gran Bretaña son las naciones que más han sobresalido entre las antiguas y modernas; ambas nacieron para mandar y ser libres; pero ambas se constituyeron no con brillantes formas de libertad, sino con establecimientos sólidos. Así, pues, os recomiendo, representantes, el estudio de la Constitución británica, que es la que parece destinada a operar el mayor bien posible a los pueblos que la adoptan; pero por perfecta que sea, estoy muy lejos de proponeros su imitación servil. Cuando hablo del Gobierno británico sólo me refiero a lo que tiene de republicanismo, y a la verdad ¿puede llamarse pura monarquía un sistema en el cual se reconoce la soberanía popular, la división y el equilibrio de los poderes, la libertad civil, de conciencia, de imprenta, y cuanto es sublime en la política? ¿Puede haber más libertad en ninguna especie de república? ¿y puede pretenderse a más en el orden social? Yo os recomiendo esta Constitución popular, la división y el equilibrio de los poderes, la libertad civil, de como la más digna de servir de modelo a cuantos aspiran al goce de los derechos del hombre y a toda la felicidad política que es compatible con nuestra frágil naturaleza.

En nada alteraríamos nuestras leyes fundamentales, si adoptásemos un Poder Legislativo semejante al Parlamento británico. Hemos dividido como los americanos la representación nacional en dos Cámaras: la de Representantes y el Senado. La primera está compuesta muy sabiamente, goza de todas las atribuciones que le corresponden y no es susceptible de una reforma esencial, porque la Constitución le ha dado el origen, la forma y las facultades que requiere la voluntad del pueblo para ser legítima y competentemente representada. Si el Senado en lugar de ser electivo fuese hereditario, sería en mi concepto la base, el lazo, el alma de nuestra República. Este Cuerpo en las tempestades políticas pararía los rayos del gobierno, y rechazaría las olas populares. Adicto al gobierno por el justo interés de su propia conservación, se opondría siempre a las invasiones que el pueblo intenta contra la jurisdicción y la autoridad de sus magistrados. Debemos confesarlo: los más de los hombres desconocen sus verdaderos intereses y constantemente procuran asaltarlos en las manos de sus depositarios; el individuo pugna contra la masa, y la masa contra la autoridad. Por tanto, es preciso que en todos los gobiernos exista un cuerpo neutro que se ponga siempre de parte del ofendido y desarme al ofensor. Este cuerpo neutro, para que pueda ser tal, no ha de deber su origen a la elección del gobierno, ni a la del pueblo; de modo que goce de una plenitud de independencia que ni tema, ni espere nada de estas dos fuentes de autoridad. El Senado hereditario como parte del pueblo, participa de sus intereses, de sus sentimientos y de su espíritu. Por esta causa no se debe presumir que un Senado hereditario se desprenda de los intereses populares, ni olvide sus deberes legislativos. Los senadores en Roma, y los lores en Londres, han sido las columnas más firmes sobre que se ha fundado el edificio de la libertad política y civil.

Estos senadores serán elegidos la primera vez por el Congreso. Los sucesores al Senado llaman la primera atención del gobierno, que debería educarlos en un colegio especialmente destinado para instruir aquellos tutores, legisladores futuros de la patria. Aprenderían las artes, las ciencias y las letras que adornan el espíritu de un hombre público; desde su infancia ellos sabrían a qué carrera la Providencia los destinaba y desde muy tiernos elevarían su alma a la dignidad que los espera.

De ningún modo sería una violación de la igualdad política la creación de un Senado hereditario; no es una nobleza la que pretendo establecer, porque, como ha dicho un célebre republicano, sería destruir a la vez la igualdad y la libertad. Es un oficio para el cual se deben preparar los candidatos, y es un oficio que exige mucho saber, y los medios proporcionados para adquirir su instrucción. Todo no se debe dejar al acaso y a la ventura en las elecciones: el pueblo se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por el arte; y aunque es verdad que estos senadores no saldrían del seno de las virtudes, también es verdad que saldrían del seno de una educación ilustrada. Por otra parte, los Libertadores de Venezuela son acreedores a ocupar siempre un alto rango en la República que les debe su existencia. Creo que la posteridad vería con sentimiento, anonadados los nombres ilustres de sus primeros bienhechores; digo más, es del interés público, es de la gratitud de Venezuela, es del honor nacional, conservar con gloria hasta la última posteridad, una raza de hombres virtuosos, prudentes y esforzados que superando todos los obstáculos, han fundado la República a costa de los más heroicos sacrificios. Y si el pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser libre, y no lo será jamás.

Un Senado hereditario, repito, será la base fundamental del Poder Legislativo y, por consiguiente, será la base de todo gobierno. Igualmente servirá de contrapeso para el gobierno y para el pueblo; será una potestad intermediaria que embote los tiros que recíprocamente se lanzan estos eternos rivales. En todas las luchas la calma de un tercero viene a ser el órgano de la reconciliación, así el Senado de Venezuela será la traba de este edificio delicado y harto susceptible de impresiones violentas; será el iris que calmará las tempestades y mantendrá la armonía entre los miembros y la cabeza de este cuerpo político.

Ningún estímulo podrá adulterar un Cuerpo Legislativo investido de los primeros honores, dependiente de sí mismo, sin temer nada del pueblo, ni esperar nada del gobierno, que no tiene otro objeto que el de reprimir todo principio de mal y propagar todo principio de bien; y que está altamente interesado en la existencia de una sociedad en la cual participa de sus efectos funestos o favorables. Se ha dicho con demasiada razón que la Cámara alta de Inglaterra, es preciosa para la nación porque ofrece un naluarte a la libertad, y yo añado que el Senado de Venezuela, no sólo sería un baluarte de la libertad, sino un apoyo para eternizar la República.

El Poder Ejecutivo británico está revestido de toda la autoridad soberana que le pertenece; pero también está circunvalado de una triple línea de diques, barreras y estacadas. Es Jefe del Gobierno, pero sus ministros y subalternos dependen más de las leyes que de su autoridad, porque son personalmente responsables, y ni aun las mismas órdenes de la autoridad real los eximen de esta responsabilidad. Es Generalísimo del Ejército y de la Marina; hace la paz, y declara la guerra; pero el Parlamento es el que decreta anualmente las sumas con que deben pagarse estas fuerzas militares. Si los Tribunales y Jueces dependen de él, las leyes emanan del Parlamento que las ha consagrado. Con el objeto de neutralizar su poder, es inviolable y sagrada la persona del Rey; y al mismo tiempo que le dejan libre la cabeza le ligan las manos con que debe obrar. El Soberano de Inglaterra tiene tres formidables rivales: su Gabinete que debe responder al Pueblo y al Parlamento; el Senado, que defiende los intereses del Pueblo como Representante de la Nobleza de que se compone, y la Cámara de los Comunes, que sirve de órgano y de tribuna al pueblo británico. Además, como los jueces son responsables del cumplimiento de las leyes, no se separan de ellas, y los administradores del Erario, siendo perseguidos no solamente por sus propias infracciones, sino aun por las que hace el mismo gobierno, se guardan bien de malversar los fondos públicos. Por más que se examine la naturaleza del Poder Ejecutivo en Inglaterra, no se puede hallar nada que no incline a juzgar que es el más perfecto modelo, sea para un Reino, sea para una Aristocracia, sea para una democracia. Aplíquese a Venezuela este Poder Ejecutivo en la persona de un Presidente, nombrado por el Pueblo o por sus Representantes, y habremos dado un gran paso hacia la felicidad nacional.

Cualquiera que sea el ciudadano que llene estas funciones, se encontrará auxiliado por la Constitución; autorizado para hacer bien, no podrá hacer mal, porque siempre que se someta a las leyes, sus ministros cooperarán con él; si por el contrario, pretende infringirlas, sus propios ministros lo dejarán aislado en medio de la República, y aun lo acusarán delante del Senado. Siendo los ministros los responsables de las transgresiones que se cometan, ellos son los que gobiernan, porque ellos son los que las pagan. No es la menor ventaja de este sistema la obligación en que pone a los funcionarios inmediatos al Poder Ejecutivo de tomar la parte más interesada y activa en las deliberaciones del gobierno, y a mirar como propio este departamento. Puede suceder que no sea el Presidente un hombre de grandes talentos, ni de grandes virtudes, y no obstante la carencia de estas cualidades esenciales, el Presidente desempeñará sus deberes de un modo satisfactorio; pues en tales casos el Ministerio, haciendo todo por sí mismo, lleva la carga del Estado.

Por exorbitante que parezca la autoridad del Poder Ejecutivo de Inglaterra, quizás no es excesiva en la República de Venezuela. Aquí el Congreso ha ligado las manos y hasta la cabeza a los magistrados. Este cuerpo deliberante ha asumido una parte de las funciones ejecutivas contra la máxima de Montesquieu, que dice que un Cuerpo Representante no debe tomar ninguna resolución activa: debe hacer leyes y ver si se ejecutan las que hace. Nada es tan contrario a la armonía entre los poderes, como su mezcla. Nada es tan peligroso con respecto al pueblo, como la debilidad del Ejecutivo, y si en un reino se ha juzgado necesario concederle tantas facultades, en una república, son éstas infinitamente más indispensables.

Fijemos nuestra atención sobre esta diferencia y hallaremos que el equilibrio de los poderes debe distribuirse de dos modos. En las repúblicas el Ejecutivo debe ser el más fuerte, porque todo conspira contra él; en tanto que en las monarquías el más fuerte debe ser el Legislativo, porque todo conspira en favor del monarca. La veneración que profesan los pueblos a la magistratura real es un prestigio, que influye poderosamente a aumentar el respeto supersticioso que se tributa a esta autoridad. El esplendor del trono, de la corona, de la púrpura; el apoyo formidable que le presta la nobleza; las inmensas riquezas que generaciones enteras acumulan en una misma dinastía; la protección fraternal que recíprocamente reciben todos los reyes, son ventajas muy considerables que militan en favor de la autoridad real, y la hacen casi ilimitada. Estas mismas ventajas son, por consiguiente, las que deben con firmar la necesidad de atribuir a un magistrado republicano, una suma mayor de autoridad que la que posee un príncipe constitucional.

Un magistrado republicano, es un individuo aislado en medio de una sociedad, encargado de contener el ímpetu del pueblo hacia la licencia, la propensión de los jueces y administradores hacia el abuso de las leyes. Está sujeto inmediatamente al Cuerpo Legislativo, al Senado, al pueblo: es un hombre solo resistiendo el ataque combinado de las opiniones, de los intereses y de las pasiones del Estado social que, como dice Carnot, no hace más que luchar continuamente entre el deseo de dominar, y el deseo de substraerse a la dominación. Es, en fin, un atleta lanzado contra otra multitud de atletas.

Sólo puede servir de correctivo a esta debilidad, el vi

Publicado el 22 septiembre 2008 a 7:21:31 PM
Por comunidad.ebiana
Este viernes en las instalaciones de la Cámara Municipal del municipio Puerto Cabello, se efectuó una sesión solemne donde se hizo entrega de varias condecoraciones con la orden del prócer de la patria General en Jefe, Bartolomé Salom, para conmemorar así el Día del Orientador.

En el evento fueron condecorados varios docentes y orientadores con la orden Bartolomé Salom. En el grado de Gran Oficial se distinguió a la licenciada Zulia Papaterra, docente orientadora jubilada, actualmente profesora de la Universidad de Carabobo y de la Universidad Panamericana de Puerto Cabello.

Con la Orden Bartolomé Salom en el grado de Caballero fueron condecoradas la licenciada Evelyn Pulido de Figueroa y la licenciada Norve Freites Soto; el Botón de la Ciudad le fue otorgado a los licenciados Mildred Flores, José Marchena y Dulce Delgado de Guzmán.

Por último con el Botón Honor al Mérito, fueron distinguidas las licenciadas Nancy González Guevara, María Berrios Megatón, Nancy Dávila Romero, Nadia Varela Casique y Alba Ortiz Garrido.

Un sueño hecho realidad

Las profesoras Zulay Papaterra y Evelyn Pulido Figueroa, hicieron realidad su gran sueño al editar el libro "Ejercicios vivenciales entre padres e hijos, manual de orientación en la construcción de una familia eficaz", que fue escrito por las orientadoras en un período de cinco años y con el cual ven cristalizado un proyecto que tenían en conjunto desde hace mucho.

Evelyn Pulido, describió la obra como un libro muy holístico, que parte desde el momento en que los seres humanos son engendrados hasta cuando están adultos y comienzan a tener metas, yendo hacia una divinidad omnisciente y omnipresente que todos tienen y a veces desconocen.

Cabe destacar que el libro será ofertado a partir del día miércoles desde las 10:00 de la mañana en el Centro Comercial Inversiones Pareca, ubicado en el municipio Puerto Cabello, en el piso número 2 en la oficina 2.2. (MLR)
ppmt2008.-
Publicado el 22 septiembre 2008 a 12:43:04 AM
Por comunidad.ebiana
Humor : Sonriente
               
¿Quién escribió y compuso el Himno Nacional?



El 25 de mayo de 1881 es decretado el "Gloria al bravo pueblo" como Himno Nacional de Venezuela, por el presidente Antonio Guzmán Blanco; en la resolución no se mencionan los nombres de los autores del mismo. Tradicionalmente han sido señalados como creadores de la letra el denodado patriota Vicente Salias y como compositor musical Juan José Landaeta; esto no ha sido comprobado fehacientemente, porque muchos escritores-músicos han afirmado que la obra musical pertenece a Lino Gallardo.

El tema es apasionante y se presta a polémica. El periodista y militar Francisco Alejandro Vargas asegura, en su libro Los símbolos sagrados de la nación venezolana, que Juan José Landaeta, ¿cuál de ellos?, fue ejecutado en Cumaná, por órdenes de José Tomás Boves, en 1814, llevando al cuello la partitura del "Gloria al bravo pueblo"; por ello es necesario aclarar que Juan José Landaeta murió -afirman estudiosos- en Caracas el 26 de marzo de 1812, durante el terremoto. Existen numerosas referencias acerca del actual Himno Nacional, conocido como "Gloria al bravo pueblo"; una de ellas señala que el depuesto funcionario español Vicente Basadre, en un informe al Gobierno hispánico exponía entre otras consideraciones, la siguiente: "los pueblos cantaban a la libertad e independencia, pero lo peor era que clamaban por la unión americana, siguiendo el ejemplo que Caracas dio". Juan Vicente González -el periodista, escritor y ácido narrador- indica que: "Vicente Salias improvisó el viva el bravo pueblo!, y en su biografía de José Félix Ribas informa: el inspirado Lino Gallardo hacía sonar en las calles su marsellesa venezolana". El sacerdote chileno José Cortés Madariaga -protagonista muy principal del 19 de abril- en su diario apuntaba: "navegando desde Cundinamarca por el río Meta, un músico tomó su flauta para ejecutar la canción de Caracas, Gloria al bravo pueblo, y al resonar el suave instrumento unieron sus voces los que conocían la letra". Hay que tomar en cuenta la posibilidad de que el "Gloria al bravo pueblo" haya sido creado de manera anónima, y como un rumor se fue esparciendo entre la población libertaria, y que también, algún maestro musical de ese entonces, tal como Juan José Landaeta, Lino Gallardo, Cayetano Carreño, Francisco Meserón, José María Cordero, José María Montero o hasta el propio José µngel Lamas; haya podido componer la música de nuestro himno patrio. Lo que sí es bastante probable es que el coro o estribillo, en su letra, haya sido creado por Vicente Salias, de ello casi todos los analistas del tema lo dan por descontado.

El reputado músico José Antonio Calcaño, en su libro La ciudad y su música, al referirse al "Gloria al bravo pueblo", solamente expresa que es la canción nacional, sin mencionar a sus autores o compositores. A finales de 1987 aparece un libro titulado Historia de la música en Venezuela; período hispánico, del investigador y músico Alberto Calzavara; y allí afirma que los autores del Himno Nacional fueron Andrés Bello -la letra- y Lino Gallardo la música; con datos, fechas y publicaciones antiquísimas por él consultadas, que le permiten ofrecer tal opinión. Hace varios años leímos, en alguna parte, que Andrés Bello había hecho referencia a esa autoría diciendo: "eran cosas que escribí en mis ratos de ocio". Como se evidencia, el tema da para mucho; planteando dilemas interesantes que conllevan al estudio meticulosos del asunto; y ¿quién se atreve a dudar que es posible que ese canto épico no haya salido de la mente prodigiosa del precursor Francisco Miranda? Como es bien sabido, el "venezolano universal" era un músico connotado y reconocido en Europa, y gran ejecutante de flauta, la cual llevaba consigo a todas partes; tal vez la letra ya existía cuando él llegó a Caracas, en diciembre de 1810, pero hay la gran probabilidad de que Miranda haya creado algunas estrofas, especialmente la última.

Miguel Azpúrua/ppmt2008

Publicado el 09 marzo 2008 a 3:27:33 PM
Por comunidad.ebiana
Humor : Sonriente



José María Vargas
Biografía

La Guaira (Distrito Federal) 10.3.1786

Nueva York (Estados Unidos) 13.7.1854

Médico cirujano, científico, catedrático  y rector de la Universidad de Caracas, político, escritor y presidente de Venezuela.

Hijo de José Antonio de Vargas Machuca y Ana Teresa Ponce. En 1798, ingresó en la Universidad Real y Pontificia de Caracas, donde cursó de 1802 a 1806. Se graduó de bachiller en filosofía el 11 de julio de 1803. Obtuvo sus grados de bachiller, licenciado y doctor en medicina en el año de 1808.

Apenas terminó sus estudios médicos se traslada a Cumaná,  donde vive hasta 1812; luego de iniciado el movimiento de la Independencia, Vargas es parte del Supremo Poder Legislativo  de Cumaná  en 1811. Se encontraba en La Guaira cuando el terremoto  del 26 de marzo de 1812, y allí prestó destacados servicios como médico y hombre público a la comunidad de su ciudad natal, los cuales fueron reconocidos oficial y públicamente por la municipalidad guaireña.

Después del terremoto regresó a Cumaná,  y se reencargó de sus actividades profesionales. Cuando llegó Francisco Javier Cervériz a Cumaná,  redujo a prisión a todos los que habían tomado parte en la Legislatura, y Vargas fue enviado a las bóvedas de La Guaira donde permaneció hasta comienzos de 1813 cuando fue libertado.

A fines de ese año se embarcó hacia Europa, con el propósito de ir a Edimburgo a perfeccionar sus estudios médicos y quirúrgicos. Allá  estudió cirugía, química, botánica,  anatomía, dentistería. En Londres obtuvo su incorporación al Real Colegio de Cirujanos. De regreso a América en 1819, se estableció en la isla de Puerto Rico, pues a este sitio, durante la guerra, habían ido a refugiarse sus hermanos con su madre, y administraban una propiedad en el sitio de Aguas Prietas, cerca de la ciudad de Ponce.

En Puerto Rico desarrolló una ingente labor profesional y científica. Allí escribió numerosos trabajos y colaboró con la Junta de Sanidad de la isla. En 1825, decidió regresar a Venezuela definitivamente. El 18 de octubre de 1825 ya está  en Saint Thomas y poco después se encuentra en Venezuela.

Desde su llegada se dedicó al ejercicio de su profesión y se incorporó a la Universidad de Caracas como profesor de Anatomía. Primero dictaba las clases en su casa de habitación y luego inició los estudios oficiales en la universidad, habiéndose dedicado a componer un texto de estudio.

En 1827, después de la reorganización de la Universidad por el Libertador, fue electo rector, el primer rector médico, como lo permitían ya los nuevos estatutos. Es a partir de esa época cuando Vargas comienza a dar en Caracas muestras de su capacidad administrativa, de su sabiduría y sentido común. En todas partes se le admira y se le respeta. Las rentas de la universidad, dispersas y atrasadas, son puestas al día bajo su exacta laboriosidad. Se dedica a reorganizar las diversas facultades, a la creación de nuevas cátedras,  a las reparaciones físicas de los locales, a la organización de bibliotecas, a relacionar la universidad con otros planteles, de modo que cuando terminó el rectorado de Vargas, la universidad se había remodelado y puesto al día.

Fuera de su condición de médico y cirujano, como profesor de anatomía, inaugura las disecciones sobre cadáveres,  procedimiento novedoso para la época, lo que le confirió extraordinaria reputación como docente. Fundó en 1827 la Sociedad Médica de Caracas, con lo que se comenzaron a practicar reuniones científicas en el país.

Es ampliamente conocida su labor botánica  en este período y sus relaciones con hombres notables de esta ciencia en el mundo entero; De Candolle, uno de los más  grandes botánicos  de la época, bautiza algunas plantas con el nombre de Vargasia en homenaje a los trabajos de Vargas sobre la materia. Una vez terminado su rectorado, Vargas se dedicó de lleno a la instrucción, y ya en 1832, fundó la cátedra  de Cirugía.

Simultáneamente  con sus actividades científicas y educativas, Vargas tomó parte en las actividades políticas, y así lo vemos asistir al Congreso Constituyente de 1830, donde desplegó una gran actividad en las comisiones de trabajo, en las sesiones plenarias y en muchas oportunidades salvó su voto cuando se atacó al Libertador.

Va a ser en 1830 albacea testamentario de Bolívar, encargo que cumple junto con los otros 3 albaceas con religiosa acuciosidad. En 1829, al ser fundada en Caracas la Sociedad Económica de Amigos del País, Vargas fue designado su primer director. Su obra científica es extraordinaria. Sus conocimientos son sólidos y precisos. Goza de una merecida fama de hombre de carácter  recio, firme, de una sabiduría universal, humanística y técnica, de un espíritu despierto y una inteligencia viva.

Es por ello que no resulta extraño que, cuando en 1834 se comienza a hablar de los candidatos para el segundo período presidencial (1835-1839), se fijen en él todas las miradas, especialmente las de aquellos hombres que representan la clase intelectual. Había obviamente en esta selección un sentimiento o una reacción antimilitarista. Venezuela se encontraba, hacia 1835, con la presencia personal viva de muchos de los jefes que habían tomado parte en la independencia de Venezuela y de los otros países bolivarianos. 

La mayoría de estos jefes militares eran hombres que oscilaban en el promedio de los 40 años, y estaban todos activos en sus rangos militares. Venezuela veía con desconfianza esa multitud de hombres que tenían lógicas ambiciones políticas y de poder, y las clases intelectuales trataron de anteponer a ellos, como recurso para un posible reforzamiento del poder civil, la personalidad de Vargas. Es por ello que, a sabiendas de que a éste no le atraía la figuración política y que prefería el gabinete tranquilo del estudio, hicieron todo lo posible para vencer su resistencia. La opinión pública caraqueña y nacional lo presiona en forma sistemática  para que acepte la primera magistratura.

Vargas insiste repetidas veces en no ser el candidato, ni ser el hombre que puede conjurar los peligros que acechan a la República en esa época, pero al fin cede ante la universal presión que lo lleva en una forma casi unánime  al solio presidencial. Fue electo presidente en las elecciones de 1834, voto ratificado por el Congreso el 6 de febrero de 1835 y se posesionó de la presidencia el día 9. El 8 de julio siguiente estalló la llamada Revolución de las Reformas que lo depuso del cargo y lo envió exiliado a Saint Thomas. Páez,  facultado para ello por el presidente Vargas, asume la dirección del ejército constitucional y en pocas semanas expulsa de la capital a los rebeldes y repone a Vargas como presidente constitucional.

Continúa en el ejercicio del cargo hasta abril de 1836 cuando renuncia irrevocablemente. Después de esta experiencia se dedica durante el resto de su vida exclusivamente a la causa de la educación. Asume la presidencia de la Dirección general de Instrucción Pública, la cual ejercerá  desde 1839 hasta 1852. Continúa dando en la Universidad sus clases de anatomía y cirugía y funda en 1842 la cátedra  de Química. Preside la comisión encargada de exhumar en Santa Marta los restos del Libertador y conducirlos a la Patria, misión que queda cumplida en diciembre de 1842. Escribió en estos años numerosos trabajos científicos. En agosto de 1853, sintiéndose enfermo, viaja a Estados Unidos, donde reside primero en Filadelfia y luego en Nueva York, donde muere. En 1877, sus cenizas fueron traídas a Caracas y sepultadas en el Panteón Nacional  el 27 de abril de ese mismo año.    B.B.C.


BIBLIOGRAFÍA: directa: VARGAS, JOSÉ MARÍA. A los honorables senadores y representantes de Venezuela. Caracas: Imprenta de Valentín Espinal, 1835; __. y otros. Libro de decretos del poder ejecutivo de Venezuela. Caracas: Banco Central de Venezuela, 1973; __. Obras completas. 2ª ed. Caracas: Comisión Nacional del Natalicio del Dr. Vargas, 1986. 8 v.; __. El universo de un hombre justo: textos escogidos. Caracas: Ministerio de Educación, 1986; __. Vargas: relación autobiográfica  inédita, sobre el golpe de estado que lo depuso en 1835. Caracas: Tipografía Principios, 1959. indirecta: ARRIETA M., ORLANDO. Algunas facetas de la vida del padre de la medicina en Venezuela D. José María Vargas. Maracaibo: Ediciones de la Luz: [c. 1983]; Apoteosis del eminente ciudadano doctor José María Vargas, celebrada en Caracas el día 27 de abril de 1877. Caracas: Imprenta Nacional, 1872; BLANCO, ANDRÉS ELOY. Vargas, el albacea de la angustia. Caracas: Ministerio de Educación, 1947; BRICEÑO IRAGORRY, MARIO. Meditación sobre Vargas. Caracas: Concejo Municipal, 1951; BRUNI CELLI, BLAS. Imagen y huella de José Vargas. Caracas: INTEVEP, 1987; __. Huellas en sus libros: catálogo  de la biblioteca del doctor José Vargas. Caracas: Edición de la Biblioteca Nacional, Contraloría General de la República y Comisión para la Conmemoración del Bicentenario del doctor José Vargas, 1993; CARBONELL, DIEGO. Vargas. Caracas: Litografía y Tipografía del Comercio, 1929; CASTELLANOS, RAFAEL RAMÓN. La sobria integridad y el civismo de Vargas. Caracas: Oficina Central de Información, 1976; COMISIÓN NACIONAL PARA LA CELEBRACIÓN DEL BICENTENARIO DEL NATALICIO DEL DOCTOR JOSÉ MARÍA VARGAS. Vargas: apoteosis del siglo XIX: apoteosis del siglo XX. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1986, 2 v.; COVA, JESÚS ANTONIO. Por la gloria de Vargas. Caracas: Litografía y Tipografía Vargas, 1929; DÍAZ, MANUEL VICENTE y otros. La hora de Vargas. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1986; DOMÍNGUEZ, RAFAEL. José María Vargas. Caracas: Editorial Sur América, 1930; GABALDÓN, ELEONORA. José Vargas: presidente de la República de Venezuela: las elecciones presidenciales de 1835. Caracas: Instituto Autónomo Biblioteca Nacional-FUNRES, 1986; GRISANTI, ÁNGEL. Vargas íntimo: un sabio de carne y hueso, su niñez, adolescencia y juventud. Caracas: Jesús E. Grisanti, 1954; MÁRQUEZ CAÑIZALES, AUGUSTO. José María Vargas, 1786-1854. Caracas: Ministerio de Educación, 1973; PARRA MÁRQUEZ, HÉCTOR. La personalidad del Dr. José María Vargas. Caracas: Ministerio de Educación, 1955; VILLANUEVA, LAUREANO. Biografía del Dr. José María Vargas; facs. de la ed. de 1883. Caracas: Ediciones del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela, 1986.

ICONOGRAFÍA: Retrato del Dr. José María Vargas y Manuel María Espinosa, Juan Lovera, óleo/tela, 1836, Palacio de las Academias, Caracas. LITOGRAFÍA, Carmelo Fernández,  1841, Baralt, Rafael María y Ramón Díaz, Resumen de la historia de Venezuela, 2ª edición, Curazao, Imprenta de la Librería A. Bethencourt e Hijos, 1887; reproducción: Uslar Pietri, Arturo, Cuéntame a Venezuela, Caracas, Editorial Lisbona, 1981. Retrato del Dr. José María Vargas, Martín Tovar y Tovar, óleo/tela, 1873, Ministerio de Relaciones Exteriores, Caracas. RETRATO, Juan Antonio Michelena, óleo/tela, 1895, colección particular.

 Tomado de Diccionario de la Historia de Venezuela (Fundación Polar)


ppmt2008.-

 

Páginas : 1 2 3 4 5 6 7 8
Mi calendario
< Nov. 2009  
L M M J V S D
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30      
Mi bloc personal.
http://comunida d.ebiana.iespan a.es/
Contáctame
Email :
MSN :
ICQ : 150827687
Yahoo :
Tráfico
Puntuar este blog :
1 5
118 conectados
22995 visitantes
Clasificación de este blog 1671o
Puntuación de este blog: 3,23
Tribuna libre
Madeley : tengo muchisimo q agradecer a la prof Dulce y Felix q me toleraron todo y me consitieron siempre besos para tan maravillosas personas.
Madeley : siento tristeza al saber q el lugar donde me forme como buena persona ya no este en funcion de verdad tengo montones de recuerdos bonitos de alli
Maria : Mi escuela del recuerdo cerrada, que paso? me da tristeza bastante.
RICARDO : UN AÑO ESCOLAR SIN EBIA, MI SENTIMIENTOS, AFECTO Y RECUERDOS SERA POR SIEMPRE.
NIDIA : Directora Dulce espero que algun dia este de regreso en el Colegio abrazos!!!
Carlos : Muchos Profesionales de Puerto Cabello comenzamos nuestros primeros pasos en EBIA.
Cristina : Ebia siempre Estara en Alma , Mente y corazon me forme alli en ese colegio.
Nilda : felicitaciones por tan brillante idea dios te bendiga por preocuparte en la educaciòn de nuestros niños y por supuesto tenias que ser EBIANO
ENRIQUE : MUY BIEN OFRECE ESTA BLOG BUENA PARA LEER FELICITACIONES! !!!
marisol : felicito a este bloc
Mi foto
    ***COMUNIDAD EBIANA***