Que levante la mano quien no haya tenido nunca ninguna manía. Vale cualquiera, como: levantarse con el pié derecho, vestir con alguna prenda determinada cuando se va de "caza", tocarse alguna parte del cuerpo, etc. Me gustaría que las personas que pasaran por aquí escribieran algunas de sus manías en los comentarios, de esta manera podemos conocernos un poquito más todos. Yo contaré tres.
Yo tenía una muy curiosa con unos 11 años. La manía consistía en contar no menos de 7 SEAT 124 antes de entrar a clase por la tarde. De no hacerlo, corría el riesgo de sacar algún negativo si me preguntaban la lección; y si el recuento, en mi camino al colegio, era igual o superior al número mágico, entonces seguro que tendría algún positivo por decirla bien. Lo más cachondo era que la regla se cumplía, y alguna vez que no encontré el mínimo número de SEAT 124 me vine a casa con una mala nota; pero no porque no hubiera estudiado lo sufiente (entonces era un estudiante aplicado), no, negativo al canto por decirla mal, o a medidas, o con errores.
Esta manía me duró un curso entero. Se la copié a un vecino, José María, que no lo veo desde que tenía 15 años. La primera vez me salió bien, y la segunda, y la tercera, y la cuarta, y la quinta, y así duante 5 días a la semana durante los meses que dura un curso escolar. Menos mal que en aquella época el 124 era un coche muy común, si fuera hoy para contar 7 podían pasar hasta años.
No recuerdo el porqué la terminé por desechar. Sólo recuerdo que fue regresar de las vacaciones de verano... y de repente a mis compañeras de clase les habían crecido las tetas, y yo ya no estaba para contar SEAT 124; bastante trabajo me costaba asimilar los cambios que estaba sufriendo mi orondo cuerpo.
Otra muy curiosa era mi jersey de ligar. Todavía lo tengo (Ana lo tiene muy bien guardado). Es un jersey amarillo limón, que cuando me lo ponía y pretendía conocer a alguna señorita, pues eso, que terminaba conociéndola (a ver, en el buen sentido de la palabra, ¡¿eh?!). Nunca me falló, nunca, con Ana tampoco, la prueba está que me lo puse al segundo día de conocerla y ella sucumbió a su poder. No sé si era porque me favorecía o porque cegaba al reflejarse la luz sobre él en antros y garitos varios. Un misterio.
Y la tercera la recordé el sábado pasado viendo la película de "El Pisito" por T.V., en un ciclo al recientemente fallecido José Luis López Vázquez. Hay una escesa que aparece un local de Madrid con solera, son Las Cuevas de Sésamo. Me quedé impresionado al ver que hoy en día está exactamente igual que cuando se filmó la película, lo único que ahora no permiten bailar y entonces sí. Si no lo conoceis daos una vuelta, pero tendreis que ir muy pronto o esperar largas colas.
Las Cuevas de Sésamo las conocí con unos ventipocos años. Nos llevaron unas amigas de Aluche a tomarnos unas jarritas de sangría. Las tomamos y salimos todos emparejados y enrollados. Siempre que volvía me pasaba algo bueno o muy bueno. Si conocía una chica, y volvíamos a quedar, en la tercera o cuarta cita la llevaba allí, y el resultado de estar una hora (no se puede más, te puedes morir asfixiado) bebiendo sangría era como comerse el mejor dulce.
La última vez que estuve fue con Ana, ella no creo que lo recuerde, y el pasádo sábado hizo 8 años de eso. Recuerdo, que del papel de plata de un paquete de tabaco me hizo una rosa y me la regaló, me pareció el mejor regalo que me habían hecho hasta entonces. Caramba, cuanto la quiero y que poco se lo digo.
Y aquí están algunas de mis tres manías.
Bueno, soy todo un cotilla, venga, empezar a contar.
¡Feliz fin de semana!
MIGUEL
Yo tenía una muy curiosa con unos 11 años. La manía consistía en contar no menos de 7 SEAT 124 antes de entrar a clase por la tarde. De no hacerlo, corría el riesgo de sacar algún negativo si me preguntaban la lección; y si el recuento, en mi camino al colegio, era igual o superior al número mágico, entonces seguro que tendría algún positivo por decirla bien. Lo más cachondo era que la regla se cumplía, y alguna vez que no encontré el mínimo número de SEAT 124 me vine a casa con una mala nota; pero no porque no hubiera estudiado lo sufiente (entonces era un estudiante aplicado), no, negativo al canto por decirla mal, o a medidas, o con errores.
Esta manía me duró un curso entero. Se la copié a un vecino, José María, que no lo veo desde que tenía 15 años. La primera vez me salió bien, y la segunda, y la tercera, y la cuarta, y la quinta, y así duante 5 días a la semana durante los meses que dura un curso escolar. Menos mal que en aquella época el 124 era un coche muy común, si fuera hoy para contar 7 podían pasar hasta años.
No recuerdo el porqué la terminé por desechar. Sólo recuerdo que fue regresar de las vacaciones de verano... y de repente a mis compañeras de clase les habían crecido las tetas, y yo ya no estaba para contar SEAT 124; bastante trabajo me costaba asimilar los cambios que estaba sufriendo mi orondo cuerpo.
Otra muy curiosa era mi jersey de ligar. Todavía lo tengo (Ana lo tiene muy bien guardado). Es un jersey amarillo limón, que cuando me lo ponía y pretendía conocer a alguna señorita, pues eso, que terminaba conociéndola (a ver, en el buen sentido de la palabra, ¡¿eh?!). Nunca me falló, nunca, con Ana tampoco, la prueba está que me lo puse al segundo día de conocerla y ella sucumbió a su poder. No sé si era porque me favorecía o porque cegaba al reflejarse la luz sobre él en antros y garitos varios. Un misterio.
Y la tercera la recordé el sábado pasado viendo la película de "El Pisito" por T.V., en un ciclo al recientemente fallecido José Luis López Vázquez. Hay una escesa que aparece un local de Madrid con solera, son Las Cuevas de Sésamo. Me quedé impresionado al ver que hoy en día está exactamente igual que cuando se filmó la película, lo único que ahora no permiten bailar y entonces sí. Si no lo conoceis daos una vuelta, pero tendreis que ir muy pronto o esperar largas colas.
Las Cuevas de Sésamo las conocí con unos ventipocos años. Nos llevaron unas amigas de Aluche a tomarnos unas jarritas de sangría. Las tomamos y salimos todos emparejados y enrollados. Siempre que volvía me pasaba algo bueno o muy bueno. Si conocía una chica, y volvíamos a quedar, en la tercera o cuarta cita la llevaba allí, y el resultado de estar una hora (no se puede más, te puedes morir asfixiado) bebiendo sangría era como comerse el mejor dulce.
La última vez que estuve fue con Ana, ella no creo que lo recuerde, y el pasádo sábado hizo 8 años de eso. Recuerdo, que del papel de plata de un paquete de tabaco me hizo una rosa y me la regaló, me pareció el mejor regalo que me habían hecho hasta entonces. Caramba, cuanto la quiero y que poco se lo digo.
Y aquí están algunas de mis tres manías.
Bueno, soy todo un cotilla, venga, empezar a contar.
¡Feliz fin de semana!
MIGUEL
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